Deshazte de las expectativas que te restan felicidad

expecHay un tema que me ronda la cabeza hace muchos días. Se trata de las expectativas que se tienen sobre las personas o sobre las cosas y de la frustración que generan cuando éstas no son satisfechas. Me preguntaba si era un asunto de egoísmo (esperar que los otros hagan lo que quiero); o se trataba de la necesidad personal de que otros llenen vacíos emocionales propios que debemos resolver nosotros mismos.

En esa reflexión personal, me  llegué a preguntar por qué si yo “daba tanto”, recibía lo que yo creía era la cuarta parte de mi esfuerzo. Deseaba que me quisieran al menos el uno por ciento de lo que yo sentía que quería. Necesitaba saberlo todo, porque yo era absolutamente sincera  y contaba detalles de mi vida sin que me lo preguntan, y así, puedo enumerar un montón de ejemplos que giraban en torno a mi y que, en un momento de pausa en medio de mi reflexión,  me hicieron ver como un ser absolutamente egocéntrico.

Y creo que di en el clavo…y una revelación se produjo en el pensamiento…y me dije: el mundo NO conspira para hacerte la vida más difícil, ni cada persona se levanta a diario con una estrategia bien elaborada para convertir particularmente tus días en un infierno. “No te ofenden los demás, son tus pensamientos acerca de cómo tienen que actuar las personas”

Así entendí que el asunto de las expectativas, es un acto absolutamente personal, que te formas tú y que depende sólo de de ti. Los demás no están en tu cabeza para saber lo que esperas de ellos, ni lo que sientes, ni lo que estás buscando. Cada uno tiene su mundo particular, sus pensamientos y sus preocupaciones, para también estar pendiente de los tuyos.

Hay que aclarar, por supuesto, que existe la empatía, y que las personas más cercanas a ti, algunas más que otras, tienen la capacidad de “notar” cambios en tu comportamiento con respecto a ciertos eventos, y acercarse para estar pendientes, pero en ningún caso eso las vuelve videntes ni súper poderosas para resolver todas las expectativas que una vez te hiciste sobre ellos.

Lo peor, más allá de los hechos evidentes, es la multiplicación descomunal de pensamientos propios justificando ante ti misma que los demás son tan indiferentes, y poco solidarios, que no se han tomado la molestia de conocerte y saber lo que te gusta y lo que no. Si no lo controlas, de pronto, todo se vuelve un verdadero caos. “Esos pensamientos y creencias ahogan nuestra libertad, asfixian nuestra razón y nuestra felicidad.”

Debo decirte que tus expectativas sobre cualquier cosa son tuyas y de nadie más. Que se cumplan no dependen de si los otros hacen o dejan de hacer. Te las hiciste solamente tú, basadas en tu propio sistema de creencias y valores que no necesariamente es compartido por el resto. Entender esto, te evitará muchos problemas en el futuro, pues es asumir que tus éxitos, fracasos, logros, tristezas, aciertos, etc. dependen de ti y no del azar, ni de la suerte ni de terceros.

Si eres católica practicante, como yo, depositarás tu confianza en Dios, una fuerza superior omnipresente, para que te ayude y te llene de fortaleza y serenidad a salir de la tribulación que tienes. Pero eso tampoco se trata de un acto de magia, algo como lo pides y se cumple. ¿Has escuchado el refrán “ayúdate que yo te ayudaré”? De eso se trata, Dios, en su poder infinito, te ayudará a salir del problema, pero debes actuar y luchar tú también, de su mano, para lograrlo.

De cualquier forma, y como no quiero que esto se convierta en una clase de religión, hay ciertas cositas que puedes hacer para acabar con ese vicio de la “dependencia” y avanzar en el camino hacia la felicidad y el éxito. Muy pendientes con esto, pues ambos dependen de lograr tus metas pero sin hacer daño ni a ti ni a los demás.

Lo primero que debes comenzar a practicar es un hábito relativamente sencillo: PREGUNTA, si tienes dudas, si quieres aclarar, si quieres conversar sobre tus conflictos… “Además, si quieres algo, pídelo. Si esperas algo, hazlo; y si no depende de ti, pídelo a quien corresponda.” Y como todo hay que decirlo, tú tampoco estás allí para adivinar lo que los demás sienten o necesitan, ni para satisfacer todas las expectativas del mundo, ¿o sí?. Puedes, y debes, poner límites. Es necesario que sepas lo que quieres y hasta dónde eres capaz de llegar y ceder, sin transgredir, sin sobrevalorar y sin devaluarte. Confía, comparte, lucha, siente, vive, disfruta, sé luz, sé esperanza porque quieres, no esperando que otros te lo reconozcan y te lo retribuyan.

Navegando por Internet, me topé con una nota bastante oportuna para cerrar este tema. Habla de una técnica que puedes usar para evitar tanta “dispersión” mental y vivir de una manera más realista. Se trata del “Take Away” de Ana Vico, a la que tomo de fuente en algunos puntos…

1.- Olvídate de los “debería”

Ni tú deberías nada, ni los demás deberían nada. La palabra “debería” quítala de tu diccionario mental, elimínala para siempre. No es más que un peso de obligación sobre nosotros, sobre nuestra propia capacidad y sobre lo que esperas de los demás. Créeme, ni tú debes hacer nada por nadie ni los demás deberían hacer nada por ti. Hazlo si quieres hacerlo, y los demás lo harán por ti si les sale desde el corazón.

2.- Declárale la guerra a los “tengo que”

Otro conjunto de palabras odioso y tóxico para nuestra felicidad. Las personas que te rodean no tienen que hacer nada para hacerte feliz ni tú tienes que hacerlas felices a ellas.  Ni tienen que saber qué te gusta, ni tienes tú que hacer nada por nadie. Repito, hazlo porque tú quieras hacerlo… Abraza desde el alma, pregunta “qué tal” sólo porque de verdad te interesa. Actúa siempre desde el corazón.

3.- Fíate de la objetividad

Cuando estés en una situación en la que estás ahogado por tus expectativas sobre los demás, párate un momento y pregúntate: ¿Qué vería un niño/mi mamá/mi pareja/ mi amigo si estuviera aquí? ¿Qué vería, qué sentiría, qué oiría? Sólo lo que una persona externa a nosotros puede percibir es objetivo en un momento de crisis. El resto, es subjetivo y depende de nuestra mente y nuestras creencias limitantes.

4.- Practica el perdón

El perdón contigo mismo y con los demás es una práctica de felicidad asegurada. ¿Por qué? Porque el perdón libera, el perdón quita peso y culpabilidades. No busques culpables porque la situación no salió como esperabas, busca resultados: qué ocurrió y qué podrías haber hecho para que eso fuera distinto. Cambia tú y cambiará el mundo que te rodea.

5.- Repite e interioriza

Si repites estos consejos y los aplicas en tu vida durante un mes, los habrás integrado bastante y en tu mente se habrán asentado nuevos comportamientos. Vive en el presente, vive en la realidad…

Fuente: http://befullness.com/nadie-te-ofende-son-tus-expectativas/

 

Publicado el 19 abril, 2016 en Actitud positiva, Citas de vida, Desarrollo humano, Desarrollo personal, Español, Frases motivadoras, Mental, Personal y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. .

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