Escogiendo entre la perfección y el optimismo…

Vivir y experimentar, casi lo mismo...

Vivir y experimentar, casi lo mismo…

La vida no es perfecta, pero una vida sin esfuerzo tampoco tiene razón ni sazón. La felicidad está en reconocer la diferencia entre el optimismo y la perfección, para usarla como brújula en el camino al éxito.

Según Tal Ben-Shahar, la búsqueda de la perfección es el principal motivo de nuestra infelicidad. Como él dice: “O aprendemos a fallar o fallamos al aprender“. Lo que el autor propone es aprender a diferenciar entre el perfeccionismo neurótico y el perfeccionismo positivo u optimalista.

Para alcanzar la felicidad debemos disfrutar del éxito, apreciarlo, agradecerlo y aceptar el mundo tal como es: con emociones, encrucijadas, decisiones, errores, triunfos, obstáculos, fracasos, y sobretodo, con la imperante necesidad de esforzarnos para alcanzar cada sueño.

Imaginar una vida perfecta y aspirar a vivirla, paradójicamente, puede producir mucha frustración e infelicidad. El deseo de éxito forma parte de nuestra naturaleza. Sin embargo, para superar obstáculos y vivir feliz es más efectivo ser optimista y menos perfeccionista. Ver la vida en positivo da valor ante el miedo.

Quien le teme al fracaso acaban por no sacar el máximo provecho a su potencial.

Perfeccionistas y optimalistas pueden manifestar los mismos niveles de ambición, el mismo deseo intenso de alcanzar sus objetivos. La diferencia se halla en cómo cada uno aborda el proceso de conseguir sus objetivos. Para el perfeccionista, el fracaso no tiene cabida en el trayecto hasta la cumbre de la montaña; el recorrido ideal hacia sus objetivos es el más corto, el más directo: una línea recta. Todo lo que impide su progreso hacia su última intención se considera un obstáculo inoportuno, un impedimento en su camino. Para el optimalista, el fracaso constituye una parte inevitable del viaje de trasladarse desde donde se está hasta donde se quiere estar. Considera que el recorrido no es una línea recta, sino algo más parecido a una espiral ascendente: si bien se dirige de forma general hacia su objetivo, sabe que a lo largo del camino habrá varios desvíos.

El perfeccionista no ve medias tintas, los resultados o son buenos, o son malos. Quienes miden el éxito en función de lo que resulta necesario y valioso para su propósito, tienen una actitud más positiva ante la vida, acepta el fracaso y las críticas como una oportunidad de mejorar y sacar provecho, valora el feedback y está abierto a las sugerencias; quienes buscan la perfección asumen una posición defensiva y catastrófica ante cualquier objeción, y su inflexibilidad le impide ver los diferentes caminos que también pudieran llevarlo a su destino.

Para seguir siendo útil y competitivo, hay que estar siempre aprendiendo y mejorando, es decir, hay que fracasar. No es una casualidad que las personas con más éxito a lo largo de la historia hayan sido las que más han fracasado. Thomas Edison, que registró 1093 patentes, incluidas las asociadas a la bombilla, el fonógrafo, el telégrafo y el cemento. Él declaró orgulloso que había naufragado en su travesía hacia el éxito.

El optimalista ve la vida fluida, cambiante y dinámica. Del mismo modo acepta el fracaso, como una parte de la experiencia humana, como una consecuencia inevitable de estar vivo. Acepta con naturalidad la realidad y la probabilidad de sentir pena. El perfeccionista paga un precio emocional extremadamente alto por negar la realidad. Esta actitud le genera agudos niveles de ansiedad, porque la posibilidad que pueda fracasar siempre está presente. Básicamente, su obsesión perfeccionista le hará rechazar todo aquello que se desvía de su plan impecable, intachable y, consecuentemente, sufre cada vez que no satisface sus propias expectativas irreales.

Los optimalistas aceptan todo lo que la vida les ofrece y sacan el máximo partido de ello.

¿Vemos el fracaso como algo catastrófico o como una oportunidad de aprendizaje? ¿Consideramos que el vaso está medio lleno o medio vacío? ¿Apreciamos lo que tenemos y lo disfrutamos o lo damos por supuesto y no lo valoramos? Cuando apreciamos lo bueno que tenemos, lo bueno aumenta y tenemos más de ello.

El antídoto al perfeccionismo es la aceptación de la realidad. Cuando rechazamos el fracaso, estamos evitando las dificultades y el esfuerzo, y nos privamos de la oportunidad de aprender y madurar; cuando no aceptamos las emociones negativas, acabamos pensando en ellas obsesivamente —las magnificamos y nos negamos la posibilidad de alcanzar la serenidad—; y cuando no somos capaces de aceptar, abrazar y apreciar el éxito, nada de lo que hacemos tiene sentido.

Fuente: En búsqueda de la felicidad – Tal Ben-Shahar

Acerca de Ana Iriza C.

Ana Adela Iriza, curiosa del comportamiento humano... Licenciada en comunicación social. Graduada en la Universidad Central de Venezuela. Directora de la Revista Marcas Venezuela y de Pent House Creativo, Estudio de Planificación y Soluciones Editoriales.

Publicado el 22 septiembre, 2015 en Actitud positiva, Alcanzar los sueños, Coaching, Desarrollo personal y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. .

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