Perdí pelo, pero las ganancias fueron inmensurables

Por Jacqui Antonetti Moreno

La historia comienza con un enorme deseo de afeitar mi cabeza que empezó en algún momento de 2017. Mi pelo se caía demasiado y por alguna razón que todavía no termino de tener claro cuál es, a lo largo de mi vida mis impulsos por querer cortar mi cabello son un reflejo de un deseo profundo de cerrar un ciclo y comenzar uno nuevo.

Quienes me conocen podrán confirmar que soy una corredora de riesgos, una buscadora y generadora de cambios, una absoluta rebelde frente al status quo y que me encanta retarme a mí misma. Por lo tanto, no es raro que me vean con un cambio de look cada cierto tiempo. Sin embargo, nunca tan radical como este que hice hace unos días.

El miedo al qué dirán y a las consecuencias internas personales me frenaron de llevar a cabo la atrevida acción por tres años, pero una realidad de una persona a la que quiero como a una hermana (mi hermana de alma) me sirvió de espejo para poner las cosas en perspectivas y me brindó la inspiración que necesitaba para tomar la acción que la voz de mi alma me decía que tomara por mucho tiempo ya. 

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Te invito a ver el video que detalla de manera muy resumida la aventura que fue decir “sí” a mi SER porque hoy me quiero enfocar en el aprendizaje o como me gusta decirle, las “ganancias” que recibí como resultado de mi decisión. La lista de ganancias es muy larga, pero aquí voy a mencionar las cinco principales.

Recordé una vez más de qué estoy hecha.

A veces uno se desconecta del verdadero SER y empieza a olvidar o a dudar de las cualidades propias. Por años me creí el cuento de que yo era muy miedosa y poco a poco me identifiqué con esa imagen de mujer temerosa que fui creando en mi mente. Hace unos meses, tuve la hermosa realización de que sí, soy una mujer llena de miedos, pero lo que me define no es eso sino la capacidad que tengo de superarlos y no dejarme paralizar por ellos. Según algunos (y yo misma), esa capacidad se llama valentía. Y sí, soy valiente, entre otras cualidades.

Pude ver que las creencias limitantes de mi mente son sólo eso, creencias.

Lo que me frenaba de tomar la decisión era principalmente el temor al “qué dirán”. Por más de 35 años busqué la aprobación de los demás como una manera de sentirme amada y aceptada, así que llevar a cabo un cambio de aspecto tan radical y notorio era realmente intimidante. Me esperaba todo tipo de juicios que iban desde el cuestionamiento de mi estabilidad mental hasta las historias y conclusiones de que seguramente tenía un problema de salud física. Qué pasó? Todo lo contrario! Los comentarios de apoyo y admiración por lo que hice han sido numerosos, inesperados y conmovedores.

Pude re-confirmar lo amada que soy.

Esta ganancia es, si se quiere, una continuación de la anterior. Esta realización vino desde las respuestas de mi esposo y de mis hijas frente a la decisión que había tomado y que estaba por ejecutar -muy diferentes las unas de las otras, pero todas basadas en el amor a mí-, hasta las muestras de cariño, apoyo y admiración de la gente a través de elogios que reconozco que me sorprendieron. Desde hace varios años cuando finalmente pude limpiar la creencia de falta de amor en mi vida me he sentido muy amada, pero quizás lo inesperado de esas reacciones me dieron más motivos para sentirme así.

Una vez más, confirmé que el desapego es liberador.

Ver cada momento y situación en la vida como una experiencia y una oportunidad pasajera de vivir nos ayuda a desapegarnos de cosas, personas, eventos y creencias y, con dicho desapego viene la conquista de la libertad personal. Muchos maestros me han dicho a lo largo de mi vida que la libertad viene como resultado de nuestra manera de ver la vida y, por ende, de las acciones que tomamos en consecuencia. Esta fue otra oportunidad de oro de experimentar por mí misma lo que dicho por otros parecía sólo filosofía.

Comprobé una vez más que lo más importante en una acción es la intención.

La intención de mi acción fue absolutamente amorosa; amorosa hacia mí misma, amorosa hacia mi hermana del alma, amorosa hacia mi familia y, muy especialmente, amorosa hacia el colectivo. Desde ese amor quise honrar mi voz interior, quise mostrarle a mi amiga lo que es capaz de inspirar en otros, quise enseñar a mis hijas a través del ejemplo y quise mostrarle al colectivo que es posible superarnos a nosotros mismos. El resultado? Una respuesta amorosa también que va más allá de lo que pude haber esperado nunca.

Qué busco con esta sencilla reflexión sobre mi experiencia? Seguir inspirándote a que recuerdes quién eres de verdad, a que identifiques las creencias limitantes que hay en tu mente y las trasciendas, a que reconozcas lo amada(o) que eres, a que te liberes de tus apegos para que puedas ser verdaderamente libre y a que antes de actuar te asegures de que tu intención es amorosa.

Te invito a seguirme en Facebook, Instagram, Twitter y YouTube, todas como @jaminspira, donde procuro sembrar con frecuencia semillas de inspiración. 

Bendiciones, luz y amor!

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