Realismo vs. Optimismo

no puedoEn estos días, he vivido situaciones de mucha crispación emocional. La ansiedad y el estrés han estado a la orden del día. Lo complicado es que los motivos de esta alteración no pueden ser resueltos directamente por mí pues escapan de control y dependen de terceras personas. Por supuesto, este le imprime mayor presión a las circunstancias pues se integra la incertidumbre y la posibilidad de un desenlace inesperado.


En este camino, he tratado de mantener la calma y de ser positiva. Y haciéndolo recordé a una persona muy especial en mi vida que siempre me repetía que yo era “demasiado optimista” casi miembro de la “Isla de la fantasía”. Su filosofía de vida chocaba con la mía: él se autodenominaba realista, porque según sus palabras, “sabía qué esperar, lo que era posible, y hasta dónde podía llegar”. En su vida, no había tiempo que perder y mucho menos espacio para los sueños.
Llegué a conversar con él recientemente, a propósito de esta situación estresante, y casi le doy la razón. Internamente me decía que definitivamente asumir que la vida es como es y nada la va a cambiar, tal vez era la forma más sincera de vivir. No obstante, la idea de quedarme viendo pasar las cosas “tal como son” sin la esperanza de por lo menos intentar cambiarla para hacerla más confortable, me causaba mucha frustración.
Por esas “casualidades” de la vida, y en medio de ese proceso, me encontré con una nota de un bloguero de nombre Charles, que me abrió de nuevo las puertas de la esperanza y que me redireccionó hacia lo positivo de ser optimista. No puedo menos que colocar a continuación su escrito, sin mayores alteraciones de mi parte, para que entiendan la diferencia entre un “realista y un optimista”…tal vez te decidas a soñar…

Optimismo vs. Realismo

No son pocas las veces que, ante comentarios que he dicho del tipo: “si crees en algo, puedes hacerlo”, “no tienes límites”, “no eres consciente de tu potencial”, “puedes hacer todo lo que te propongas”… muchas personas suelen tacharme de “demasiado optimista”, “poco realista”, “idealista” o incluso “ingenuo”, y me exhortan a que me “resigne” a la realidad.
Para encarnar estas dos actitudes las he llamado Optimismo (la mía) y Realismo (la de aquellos que piensan que el Optimismo no lleva a ningún lado en el mundo real).
La diferencia fundamental entre un Realista y un Optimista, es que el primero sabe cuál es su potencial, y el segundo sabe que no sabe cuál es su potencial. Me explico.
Ante su situación vital, el Realista no aspira a mucho más. “Las cosas son como son”: y por lo tanto no pueden cambiar mucho. Piensa que algunas personas nacen con un “don” especial, y por eso triunfan más que otras en determinados aspectos de la vida. El Realista es consciente de que ha alcanzado su potencial máximo, y la vida que tiene es la vida que le corresponde. Por lo tanto, el Realista no se marca metas muy elevadas, ni confía ciegamente en su capacidad de afrontar los problemas… simplemente se atiene a la realidad de su momento, intentando ser feliz sin complicarse mucho la existencia.
Por decir un número, el 95% de la población practica el Realismo, ya que piensan que es el modo más lógico de vivir, el que menos sufrimientos conlleva y el que más se adapta a su realidad.
Por eso digo que el Realista “sabe cuál es su potencial”, porque actúa como si su “tope” fuese la situación actual, es decir, ya no puede crecer más.
Por otra parte tenemos al Optimista, o “idealista ingenuo”, con el que me identifico personalmente.
El Optimista ve la vida como un camino de aprendizaje infinito. Por lo tanto, ve su situación actual como un abanico de posibilidades para seguir mejorando en todos los aspectos de la vida. El Optimista ve su situación vital (sea la que sea) y se dice a sí mismo “yo puedo ser más”. Es por ello que se marca objetivos y sueños, y lucha por cumplirlos. El Optimista aleja de su mente los pensamientos agoreros que incitan al estancamiento, desconfía de la gente pesimista que le dice que sus sueños son inalcanzables, intenta obtener la enseñanza de cada experiencia vital y aprovecha cada momento al máximo. Por eso, ante un problema, el Optimista no tiene reparo en asegurar con firmeza que “puede superarlo”. No importa cuántas “pruebas” haya en su contra, el Optimista nada contracorriente porque aleja esas trabas de su camino y confía en su autosuficiencia. Sabe que está cargado de defectos, pero en vez de verlos como una maldición, le suponen una agradable tarea de superación. Vive entusiasmado cada día, con una ilusión que desborda a los demás y que repercute en ellos.
Por eso digo que el Optimista “sabe que no sabe cuál es su potencial”, porque intuye que es infinito y que sólo depende de su voluntad, por eso actúa sin miedo ante cualquier adversidad porque sabe que puede seguir creciendo en todos los aspectos.
Ahora bien, el Optimista no es un “Realista camuflado de optimismo”, no. Este “Falso Optimista” es el responsable de que muchas veces “optimismo = ingenuidad”, ya que vive su vida de la misma forma que el resto de personas, sin actuar para mejorar incansablemente como lo haría un verdadero Optimista.
En resumen, el Realista ve la realidad y dice “esto es”. El Optimista ve sus sueños y dice “esto será”.
La cuestión es que, compartiendo una misma realidad, y ahora viene lo importante…: el Optimista triunfa más, consigue más sus sueños, es más feliz, crece más, se relaciona mejor y tiene mejor autoestima que el Realista.
El que practica el Optimismo sufrirá muchas más caídas que el Realista, pero actualmente esas caídas solamente son experiencias enriquecedoras.
En cada persona hay un “Optimista Interior” dispuesto a ser descubierto.

Fuente: http://lasmemoriasdecharles.blogspot.com/

Publicado el 17 mayo, 2016 en Actitud positiva, Alcanzar los sueños, Desarrollo humano, Desarrollo personal y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. .

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